Aversión a la pérdida

Por qué una pérdida duele el doble que una ganancia

En 1979, dos psicólogos publicaron un artículo que desarmó la idea del inversor siempre racional. Su hallazgo central cabe en una frase: perder pesa más que ganar.

Origen del tema

La aversión a la pérdida se formalizó en la teoría prospectiva (prospect theory), presentada por Daniel Kahneman y Amos Tversky en 1979 en la revista Econometrica. Su punto de partida era una observación incómoda para la economía de la época: ante apuestas con resultados equivalentes, las personas no evaluaban el resultado final de su patrimonio, sino las ganancias y pérdidas respecto de un punto de referencia.

Contexto histórico

Hasta entonces dominaba el modelo de la utilidad esperada, que suponía decisores coherentes. Kahneman y Tversky mostraron con cuestionarios que las preferencias cambiaban según cómo se formulara el mismo problema. Kahneman recibió el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel en 2002; Tversky había fallecido en 1996 y el premio no se otorga a título póstumo.

Sabías que

En su estimación de 1992 (Tversky y Kahneman), el coeficiente de aversión a la pérdida resultó cercano a 2,25: una pérdida pesaba, en promedio, más del doble que una ganancia de igual tamaño. Ese valor es una estimación de laboratorio y varía entre personas y contextos, por lo que conviene leerlo como un orden de magnitud y no como una constante universal.

En los mercados, esta idea se asocia al efecto disposición: la tendencia a vender pronto lo que ha ganado y a retener lo que ha perdido. Terrance Odean lo documentó en 1998 con datos de cuentas de un corredor de bolsa estadounidense.

Fuentes consultadas

  1. Kahneman, D. y Tversky, A. (1979). «Prospect Theory: An Analysis of Decision under Risk». Econometrica, 47(2), 263–291.
  2. Tversky, A. y Kahneman, D. (1992). «Advances in Prospect Theory: Cumulative Representation of Uncertainty». Journal of Risk and Uncertainty, 5, 297–323.
  3. Odean, T. (1998). «Are Investors Reluctant to Realize Their Losses?». The Journal of Finance, 53(5), 1775–1798.
  4. Kahneman, D. (2011). Pensar rápido, pensar despacio.

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